La lección histórica que Alemania no quiere recordar

A menudo escuchamos comparaciones entre la crisis actual y la crisis de los años 20 pero nadie parece recordar el hundimiento democrático que sucedió en los años 30. Los alemanes en especial conocen como una crisis provocada por deudas externas acabó por desestabilizar la democracia durante la Weimer Republik. Los paralelismos entre la situación económica de Alemania en 1931 y Grecia a día de hoy son aterradores. También deberían recordar que unos pocos años después, el futuro de su país estaba en manos de otros gobiernos.

He vivido tres fantásticos años en Alemania y tengo un montón de cariño al país y sus gentes. Antes de publicar este texto, pedí a varios de mis amigos alemanes que lo revisaran (desde un empleado del CDU, el partido de Merkel, hasta una indignada alemana). A todos les parece un poco injusta la comparación con la Alemania tras la segunda guerra mundial y algunos me recordaron que otros países como Finlandia se oponen a una mayor solidaridad europea. Todos se muestran incómodos sobre este tema pero ninguno ha podido probar que este artículo no se ajuste a la realidad. No quiero decir que Alemania tenga que pagar la factura de la crisis griega y no es un chantaje emocional. En este artículo estoy apelando al pueblo alemán porque ellos tienen las llaves de la unión monetaria, y el Banco Central Europeo (BCE) será clave para financiar un plan de recuperación (ver post). Esta es la historia que quiero recordar mis amigos alemanes, la lección historia que demuestra que se puede buscar una solución mejor para todos:

Tras la II Guerra Mundial los aliados se encontraron ante un dilema. Alemania, su archienemigo, estaba a punto del colapso económico tras la destrucción sufrida en la guerra, la carga de las deudas externas contraídas y las reparaciones aún pendientes de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Con el enemigo soviético a las puertas de Europa Occidental, Alemania era el último muro de resistencia (algo que se volvió una triste realidad en 1963). Fue en este contexto que tuvo lugar el Acuerdo Londrés en 1953.

Una veintena de países damnificados por la contienda decidieron condonar a Alemania más del 50% de su deuda externa y extendieron décadas los plazos de los pagos. Lo excepcional de este acuerdo fue que el rembolso de la deuda era condicional al crecimiento económico y al superávit en la balanza comercial. Además se aprobaron generosos créditos al Estado y al sector privado. Gracias a ello Alemania consiguió integrarse en la economía mundial y participar en los órganos de gobierno económico global. No fue un acto de generosidad, fue una decisión inteligente consciente del hundimiento democrático que sufrió Alemania tras la degradación económica de principio de los años 30, en parte debido a las enormes indemnizaciones del Tratado de Versailles. Para Alemania resultó clave limitar la cuantía y el impacto de reclamaciones presentes y futuras por daños durante la II Guerra Mundial (por eso les resulta un tema incómodo). Resulta sorprendente que el último pago de reparaciones de Alemania a Reino Unido por los daños de la I Guerra Mundial tuvo lugar en 2010. Entre los países que acordaron perdonar parte de sus deudas se encuentran la totalidad de países miembros de la UE amenazados por los planes de austeridad europea impuestos en la actualidad por una Kanzelerin y medio Président.

Por otro lado, el plan Marschall había empezado a rodar en 1947. Para poder participar en este plan de ayuda para la reconstrucción, los países participantes debieron someter su situación económica interna a controles externos e integrarse en un mercado europeo.  Estas condiciones tuvieron dos consecuencias: por un lado, los países de la órbita soviética se quedaron fuera por diferencias ideológicas y económicas; por otro lado, sentó las bases de colaboración política e intercambio económico de la futura Comunidad Europea. Los recursos se distribuían según criterios colectivos y se sometieron las decisiones a órganos de decisión compartidos, fomentando la interdependencia económica y asociando el desarrollo individual de los países a la prosperidad común.

Estas fueron algunas de las razones que posibilitaron el Wirtschaftwunder, el impresionante despegue económico de la República Federal Alemana (RFA) durante la posguerra que la llevaría a ser el mayor exportador europeo. La suspicacia naciones más azotadas por la posguerra dio lugar a la célebre expresión acuñada en un programa británico de televisión: who won the (bloody) war anyway? Quizás sea una razón más que ayuda a entender el desapego histórico británico hacia la UE, más aún ahora que en el núcleo de decisión se desplaza hacia la eurozona donde el dominio alemán es inapelable.

Su popularidad no debe ser confundida con su talla política: si Frau Merkel fuera una líder de verdad les diría a sus compatriotas que son ganadores netos del Euro, que sin él su moneda se apreciaría respecto al resto de países europeos por lo que se resentirían sus exportaciones y que gracias a la crisis colocan su deuda casi totalmente gratis. Debe saber explicar a los ciudadanxs que no se trata de perder, sino que no es justo que gane sola porque a largo plazo solo ganará si ganamos todxs. Y que lo deben hacer no solo porque es lo más correcto, sino porque es lo más inteligente. El resto le tendremos que hacer entender que ella, con sus 22 millones de votos, no puede decidir sola el destino de 500 millones de personas.

La lección es que la cancelación de deudas, la solidaridad entre países, la inversión productiva y el fortalecimiento democrático son la salida europea a una crisis europea. La alternativa es el resurgir de la república de Weimer en países que vivían en regímenes autoritarios hace menos de 40 años. La imposición de drásticas medidas económicas desde el exterior solo puede dañar la legitimidad de la política nacional y exacerbar el sentimiento de humillación.

Esa decisión estará en gran parte en manos de Alemania, que deberá entender que ningún plan de salida será completo, legítimo ni aceptable sino incluye inversión social, si no se democratizan las decisiones económicas y si no se mete en vereda el sector financiero… pero ese ya será otro(s) post(s).

Otros artículos sobre el Acuerdo de Londres:

(ES) http://www.tercermundoeconomico.org.uy/TME-167/analisis03.htm

1 thought on “La lección histórica que Alemania no quiere recordar

  1. Pingback: Porque Alemania debe cancelar la deuda griega

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