Todavía podemos ser Islandia

Vaya añito. Una oleada de acontecimientos que solo hemos acertado a comprender una vez ya habían pasado. Una carrera con la lengua fuera para terminar las cosas para ayer sin dejar de pensar en el mañana. Este año nos ha brindado encuentros, acción y exaltación, pero también pensamiento crítico y reflexión. En Bruselas ha sido enriquecedor entrar en contacto con realidades tan distintas como las de aquí, las de allí y las de más allá. Confrontar ideas, tolerar diferencias, aprender a escuchar y alcanzar compromisos. Ha sido extenuante -hay que decir que no siempre exitoso-, pero hemos aprendido mucho por el camino. Hemos hecho un master en colaboración en red y un doctorado en difusión y en cooperación viral. No ha sido un camino de rosas. Y sin embargo, parece que una vez que te has puesto a andar ya no hay camino de vuelta atrás. Porque ya no existe ese punto en el pasado al que regresar. España no volverá a ser igual aunque todo siga como siempre.

 

La tormenta política y económica, lejos de arreciar, se recrudece. Lo que no se puede dudar es que el diagnóstico del 15-M era correcto: es una crisis sistémica. Si el sistema político es el encargado de conciliar intereses divergentes para buscar el bienestar común, esta máquina está en las últimas. El poder ejecutivo ha mostrado una nula capacidad para absorber las demandas de regeneración y los grandes temas que siempre han polarizado a los españoles emergen de nuevo:

  • La forma del Estado vuelve a estar en la mente de todos, con los Borbones dando el espectáculo.
  • El modelo de relaciones laborales se ha dinamitado por Decreto Ley, y los pactos de la Moncloa ya son una reliquia. Reconociendo la necesidad de revisar este asunto y el papel de los sindicatos, lo que no se puede aceptar es tirar un acuerdo constitucional por la borda sin plantear otro modelo que el dictado empresarial.
  • El tiempo lo dirá, pero no hay nada que exalte más al nacionalismo que una mayoría absoluta del PP, la mayoría que reformará próximamente el Estado Autonómico.
  • El modelo de estado de bienestar que tendremos será algo que encontraremos por la vía de los hechos consumados mientras el Gobierno se atraganta defendiendo los recortes con imposibles giros lingüísticos, o simplemente no da explicaciones.

EL 15-M también vaticinó la bancarrota moral del sistema económico. Tres años después del comienzo de la crisis hemos vuelto a la casilla de salida y con el escándalo de Bankia demuestra como la causa de esta crisis sigue siendo el sistema financiero. La austeridad no ataca las causas de la crisis ni ataja sus consecuencias. La deuda pública (80% del PIB) no es la fuente de incertidumbres ya que los recortes no han conseguido tranquilizar a los mercados. En realidad la deuda privada financiada por bancos extranjeros alcanza el 300% del PIB. Los encargados de devolver esa deuda, la banca española, tiene pillados los dedos con immobiliarias zombies que se mantienen en pie por favores políticos y refinanciaciones imposibles de créditos. Cuando el acceso al crédito se convierte en un privilegio, basta identificar a los que han seguido disfrutando de él para conocer las clases dominantes, empezando por los partidos políticos (ver nuestra investigación #cuentasclaras). He aquí el verdadero agujero de la deuda. Si la prima de riesgo sigue marcando máximos debido a las incertidumbres en el sector financiero, entonces ¿para que hemos recortado 40.000 millones de euros?

No olvidemos que la crisis es europea y también política. La troika ha decidido imponer a sangre y fuego la austeridad y nos ordenan que no echemos tanto combustible al coche pero que recorramos la misma distancia. Seremos vigilados por esos genios de la economía que ponen las matemáticas al servicio de la ideología. Y así, cuando 2 + 2 dé 3, no quedará otra que intervenirnos e imponernos más recetas de las que ya estamos probando. ¿Cuántos países deben caer para probar falso el poder curativo de los mercados?

Simultáneamente, la gobernanza económica europea se deja fuera del alcance del Parlamento y se priva a los ciudadanos de la posibilidad de expresarse sobre él. El BCE pudo elegir endeudarse para reforzar países que necesitaban mantener una red mínima de protección social para evitar que tanta gente este cayendo en la exclusión social. Pero decidió rescatar a los bancos. Con el billón de euros a tres años que prestó a los bancos al 1% se podía haber refinanciado el vencimiento de la deuda de los países en problemas. No deberíamos aceptar una sola imposición más sin exigir abrir el debate sobre el BCE, sin miedo a plantear otra Europa. El llamado proyecto europeo, implica en sus términos una finalidad que nadie consigue vislumbrar. Salga lo que salga, no tendrá legitimidad ni base social hasta que no ofrezca un pacto social y democratice la gobernanza económica.

Cuando más necesitábamos que los políticos estuvieran a la altura, no hemos visto más que política de trincheras, de etiquetas y división, de promesas electorales impúdicas e irreales, y de mentiras sin consecuencias. La impunidad de muchos políticos es bochornosa. Ante estos abusos, apareció acampadasol con sus rayos de esperanza, apostando por la confrontación cívica de ideas y la no violencia. No voy a definir hoy el 15-M ni sus implicaciones en la reconfiguración del espacio de participación y acción de la sociedad civil. Algunos lo tacharán de lento o poco funcional pero, si alguien conoce unos principios más constructivos y justos, ¡que me lo diga! La protesta social cívica es una reacción sana y natural que nos avisa de conflictos políticos no resueltos, tal y como la fiebre alerta al cuerpo de una enfermedad. Esta protesta social no provoca inestabilidad política, es una consecuencia de un sistema político hermético, impermeable a los deseos de la gente y que no rinde cuentas. Tratar de criminalizar las contestación en la calle no puede sino llevar a más radicalidad; es tan imprudente como desactivar una alarma de incendios por evitar su molesto pitido y solo el Gobierno será responsable del eventual deterioro de la convivencia social.

Un año después se nos vuelve a plantear la cuestión de si vamos a seguir el camino de Grecia y su desintegración social y política o por el contrario todavía podemos de verdad aspirar a ser Islandia. Antes era solo un deseo, ahora veo más posible que nunca que amplios sectores de la derecha también se indignen. Una acelaración de eventos nos puede llevar hacia un punto de inflexión, un giro en el que todos podamos participar (quizás unas Cortes Constituyentes) o una ruptura social (los precedentes históricos deberían ponernos los pelos de punta). Ante esta disyuntiva, gracias 15-M por seguir aquí. Después de un año sembrando, los frutos saldrán tarde o temprano. Vamos a cambiar paradigmas y demostrar que las masas no son bárbaras. Gracias por demonstrar que podemos encontrar una inteligencia colectiva con la creación de una ciudadanía crítica, conectada y bien informada que renuncia explícitamente a la violencia. Gracias 15-M por canalizar el descontento en protestas no violentas y en la construcción de alternativas. Si hemos aprendido a discutir de política respetando los turnos de palabra, algo ya habremos ganado. Esforcémonos en seguir abiertos a todo tipo de gente. La tolerancia y la inclusividad no es solo importante para relacionarse con los menos próximos al 15-M, la tolerancia es un factor crucial de cohesión dentro del 15-M. Recordemos los primeros momentos y el gozo de discutir la diversidad de nuestras ideas con respeto, cuando todos estábamos dispuestos a superar nuestras posiciones de partida para llegar a una conclusión mejor. Por último, gracias 15-M por hacernos inmunes a la indiferencia.

¡Muchas felicidades 15-M! Vamos a necesitar lo mejor de ti. Que cumplas muchos más.

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